El primer paso estaba hecho, pero tenía que ser determinante en una gran liga. Quería minutos, oportunidades que no tenía aseguradas en el Parque de los Príncipes, y salió cedido al RB Leipzig de Marco Rose.
Un acierto total dado que el técnico alemán le confeccionó un ecosistema perfecto para brillar: libertad para explotar su ‘colmillo’ en ataque y moverse tanto por fuera como por dentro. Respondió a la confianza con ocho goles y 13 asistencias en Bundesliga que lo confirmaron como uno de los mejores jugadores del torneo.